Tema 2017

17 AÑOS, 10 FESTIVALES

Han pasado 17 años desde ese verano de 2000 cuando un pequeño grupo de portobeleños se atrevió  a lanzarse a la aventura de realizar una actividad que resaltara su cultura y sus tradiciones de ascendencia africana, tiempo durante el cual, iniciando de forma anual y luego bienalmente,  se han podido organizar 10 festivales, cifra que habla del valor, la persistencia y la tenacidad  de sus organizadores para enfrentar una responsabilidad con su propia historia y con su porvenir.

Si resulta difícil mantener y desarrollar eventos como este en la ciudad capital del país, no se necesita mucha imaginación para saber por cuánto se multiplican las dificultades, limitaciones e incomprensiones que implica llevar adelante iniciativas comunitarias, de pueblo,  como esta y las que se realizan en innumerables puntos del interior del país con esfuerzo y dos reales, aunque en el contexto de una provincia históricamente cuasi-abandonada como Colón adquiere mayor relevancia.

Pero se ha hecho contra viento y marea. Aquí está la demostración con esta décima edición del Festival de Congos y Diablos de Portobelo, único en su género y máxima expresión de nuestra cultura afrocolonial, que es la que sin lugar a dudas ha salido ganando, si entendemos que todo lo relacionado con los negros congos hace 17 años era desvalorizado y marginado del universo de nuestro folklore oficial y del interés de la población en general, monopolizado por una sola mirada, la mestiza azuerense.

Hoy vivimos otra realidad, pues las multitudes que cada dos años saturan las calles de la población costeña provenientes de distintos puntos de la geografía nacional, ávidas por apreciar, participar y ser parte de esta experiencia singular, lo mismo que  la inclusión de las tradiciones  congas dentro del abanico de las principales manifestaciones folklóricas oficiales del país, demuestra que es una cultura que ya es respetada y querida, y de la que muchos sienten orgullo y asumen como propia, como panameña.

El Festival de Congos y Diablos de Portobelo ha sido catapultador de toda esta rica y significativa tradición folklórica negroide, sinónimo de rebeldía y libertad, y viene dejando importantes ganancias culturales, turísticas y económicas fácilmente constatables, pero su principal contribución viene siendo y será este legado en términos de pertenencia y reivindicación de lo negro como parte intrínseca de nuestra panameñeidad. ¡Larga vida al Festival!