Antecedentes

El Festival de Congos y Diablos tuvo su génesis a finales de 1999 cuando un grupo de portobeleños, encabezados por el Sr. Raúl Jiménez, preocupados por la pérdida de sus tradiciones y valores étnicos y raizales, decidieron organizarse a través de la agrupación Realce Histórico de Portobelo, con el objetivo principal de trabajar por mantener, preservar y divulgar sus manifestaciones vernaculares.

Como principal actividad en esta dirección acordaron realizar un evento que proyectara y revalorizara toda la riqueza del juego-danza-ritual de los congos. Así nació el Primer Festival de Congos y Diablos de Portobelo, celebrado el 19 de Marzo de 2000.

Esta iniciativa fue desde el primer momento apoyada por la fotógrafa e histórica promotora cultural de esta población, Sandra Eleta, y a esta se fueron sumando un grupo de artistas y gestores culturales de la ciudad capital. La Fundación Portobelo es el ente formal y legal que organiza el evento, contando con la colaboración del Centro de la Mujer Panameña (CEMP).

La sede de ese evento es Portobelo, población localizada sobre las costas caribeñas de la provincia de Colón, poblada mayoritariamente por descendientes de negros coloniales cimarrones, es decir, esclavos fugados de las plantaciones españolas y refugiados en el monte para vivir en libertad y mantener sus costumbres y tradiciones.

El festival se realiza unas dos semanas después de finalizados los Carnavales, durante todo un día, y su actividad central es un gran encuentro entre los practicantes de los juegos rituales congos, propios de esa región del país, y que son parte de una cultura producto del sincretismo de tradiciones de variada procedencia africana con aportes del colonizador europeo.

Multitudinaria respuesta: beneficios para el pueblo, la provincia y el país.

La progresiva respuesta del público a las actividades del Festival de Diablos y Congos desde su creación, ha superado todas las expectativas, y la multitudinaria llegada de miles de visitantes que asistieron a las últimas ediciones lo ha convertido en el evento más importante de su índole que existe en la actualidad en el país.

Turistas nacionales provenientes de distintas provincias, colonenses de toda la región y muchos turistas internacionales llenan las calles de Portobelo desde tempranas horas de la mañana, visitando los diversos puestos de venta de la Feria, así como las exposiciones y otras ofertas para el divertimento familiar.

Evidentemente este Festival no es sólo un hecho cultural relevante que rescata y divulga una parte relegada de nuestro acervo cultural, y que resalta aspectos positivos de la provincia de Colón, sino que tiene todo el potencial, como se ha demostrado con creces, para convertirse en un evento que llama poderosa y crecientemente la atención a estudiosos, artistas y turistas culturales de dentro y fuera de nuestras fronteras.

Esto comprobadamente ha repercutido, y puede repercutir mucho más, en ganancias, de imagen, y de otros órdenes para la comunidad de Portobelo, para la provincia y para el país en general, pues eventos de dimensiones ambiciosas como este están llamados a ser los puntales para lograr el eventual posicionamiento de Panamá como un importante destino cultural en el contexto regional, continental y mundial.